El estridor laríngeo en recién nacidos y lactantes es un motivo frecuente de consulta pediátrica. En muchos casos, el diagnóstico inicial suele ser laringomalacia, la causa más común de estridor en la infancia. Sin embargo, no todo estridor es laringomalacia, y asumirlo sin una evaluación adecuada puede retrasar diagnósticos correctos y tratamientos efectivos.
El quiste sacular congénito es una patología poco frecuente de la laringe, pero potencialmente grave, cuyo diagnóstico oportuno permite un tratamiento quirúrgico altamente satisfactorio, con un impacto radical en la calidad de vida del paciente y de su familia.
El quiste sacular congénito es una dilatación quística del sáculo laríngeo, una estructura anatómica situada en la supraglotis. Puede crecer hacia la luz laríngea o extenderse hacia el cuello, produciendo obstrucción de la vía aérea desde edades muy tempranas.
Puede estar presente desde el nacimiento
Produce estridor persistente o progresivo
Puede confundirse con otras patologías laríngeas
Requiere diagnóstico especializado y tratamiento quirúrgico
Paciente: Lactante masculino de 11 meses de edad
Estridor laríngeo desde el nacimiento
Tiraje intercostal (dificultad respiratoria)
Progresión gradual de los síntomas con el tiempo
El paciente fue valorado por múltiples pediatras, quienes, sin realizar laringoscopia, asumieron el diagnóstico de laringomalacia, esperando una mejoría espontánea asociada a la maduración de la laringe.
Sin embargo, los síntomas no sólo persistieron, sino que empeoraron progresivamente.
A los 10 meses de edad, los padres acuden finalmente a Otorrinolaringología Pediátrica. Se solicita una tomografía de cuello, en la cual se describe una lesión quística, inicialmente interpretada por el radiólogo como sugerente de quiste tirogloso.
Tras revisar el caso de forma especializada, se establece el diagnóstico correcto: quiste sacular lateral congénito.
Este caso ilustra un punto fundamental:
No todo estridor en niños es laringomalacia.
El diagnóstico de certeza no puede basarse únicamente en la clínica, sino que requiere:
Valoración por especialista en laringe
Laringoscopia flexible o rígida
Estudios de imagen interpretados en contexto clínico
Un diagnóstico erróneo o incompleto puede llevar a:
Retraso terapéutico
Progresión de la obstrucción respiratoria
Intervenciones urgentes evitables (como traqueostomías)
Angustia prolongada para los padres
En este paciente, debido a:
La edad
El tamaño del quiste
La extensión lateral
El abordaje quirúrgico correcto fue abierto, lo cual permite:
Resección completa del quiste
Menor riesgo de recurrencia
Restauración segura de la vía aérea
Cirugía exitosa
Luz glótica al 100%
Resolución del estridor
Desaparición de los signos de dificultad respiratoria
La experiencia quirúrgica es fundamental. Existen casos documentados (y vividos en la práctica clínica) de pacientes que han sido intervenidos hasta en tres ocasiones por recurrencias, debido a:
Abordajes inadecuados
Resecciones incompletas
Falta de experiencia en cirugía laríngea pediátrica
Estos pacientes, en algunos casos, terminan acudiendo meses después a servicios de urgencias con obstrucción severa, requiriendo traqueostomías de urgencia para salvar la vida.
Todo esto es evitable con un diagnóstico correcto y una cirugía realizada por expertos en laringe y cuello.
El tratamiento exitoso de un quiste sacular congénito no sólo mejora la respiración del niño, sino que:
Reduce la ansiedad y el miedo constante de los padres
Permite un desarrollo normal del sueño, la alimentación y el crecimiento
Evita hospitalizaciones repetidas y procedimientos de urgencia
Cambia radicalmente la dinámica familiar
En muchos casos, los padres refieren que “vuelven a respirar tranquilos” junto con su hijo.
No todo estridor es laringomalacia.
La ausencia de mejoría o la progresión de síntomas exige una revaloración especializada.
La laringoscopia es indispensable para el diagnóstico.
El quiste sacular congénito tiene un tratamiento quirúrgico altamente efectivo cuando se realiza correctamente.
Estas cirugías deben ser realizadas por laringólogos con experiencia en patología laríngea pediátrica y cirugía de cuello.